Una novela que no te dejará indiferente.

Capitulo 1

Capítulo 1

Nicole. 1 de Julio. Mediodía. Madrid.

Nikkie sabía que sus padres no estaban de acuerdo con lo que ella había elegido. Pero ya estaba hecho y no había vuelta atrás. Arrastra como puede sus maletas. ¡Como pesan! Si hubiera sabido que su destino estaba tan lejos de la estación de trenes, quizá no hubiera llenado tanto las maletas. O si. Quién sabe. Va a necesitar mucha ropa, porque va a pasar un gran periodo de tiempo en aquel sitio.

Tira con fuerza de las dos maletas que lleva en cada mano. En la espalda, una mochila llena de sus cosas personales. Colgando de uno de sus hombros, el bolso, que poco a poco se le va resbalando. Para de golpe apoyando las maletas sobre sus ruedas. Se recoloca la mochila y el bolso que, con el zarandeo del caminar, se le ha caído hasta la muñeca. Resopla. Espera no estar lejos de su destino.

De paso, mira el papel que lleva en una de sus manos. En él pone la dirección exacta de dónde quiere llegar. Mira el número de un portal cercano. Está muy cerca, quizá algunos portales más. Coge de nuevo sus maletas y arrastrando como puede llega al portal deseado. Su destino.

Aparca las maletas y mira de nuevo el papel. Segundo piso, puerta 7. Se lo sabía de memoria, pero quería estar segura antes de llamar. Respira hondo un par de veces, y, recolocándose de nuevo el bolso, que se le ha vuelto a caer, llama al timbre. Espera. Mira a todos lados mientras intenta hacerse a todo lo que le rodea. Vuelve a llamar impaciente al timbre, esta vez dos veces seguidas, por si acaso no le han oído.

–   ¿Quién? – responden al otro lado del timbre. Es la voz de un chico.

–   Hola, soy Nicole. Vengo a… – enseguida le abren la puerta, sin esperar a que ella responda y explique nada más.

–   Sube. Es el segundo piso. – el chico cuelga el telefonillo.

–   Lo sé. – dice la chica en voz baja.

Nikkie coge sus maletas y las empuja hacia dentro del portal mientras resopla una y otra vez por el esfuerzo realizado.

 

Ethan. 1 de Julio. Mediodía. Madrid.

Sale de la ducha sin ninguna toalla que tape sus partes más íntimas. Lo hace tranquilamente, porque sabe que en esa casa aún no hay nadie, aunque por poco tiempo. De hecho, ese mismo día espera la llegada de una chica nueva. Aún no la conoce. Ella vio el piso por internet, y después de hablar por teléfono con él y dejar todo claro, aceptó el contrato. La chica tenía una voz muy bonita, sensual. Debía ser guapa, atractiva. Pero no se hace muchas ilusiones, porque muchas veces le ha pasado lo mismo y la chica no era nada agraciada.

Se peina mirándose al espejo. Se deja el pelo como a él le gusta: peinado pero a la vez despeinado. Formal, pero informal. Para él, perfecto. Se lava los dientes insistentemente. Se enjuaga la boca y tira el agua en el lavabo. Sonríe. Gira la cabeza de un lado para otro. Tiene un poco de barba, de unos dos o tres días. Pero le gusta, le queda bien.

Ethan va a su cuarto y se viste. Unas bermudas vaqueras en la parte de abajo. Arriba, una simple camiseta de manga corta. Era uno de julio, y a esas horas, el calor era achicharrante.

Hace la cama y va hacia el comedor. Mira el reloj. Casi es mediodía. Llaman al timbre. Ethan se sobresalta, aunque sabe de sobra quien es. La chica que espera le dijo que su tren llegaba sobra la una. Sin duda era ella. Se levanta del sofá y responde al telefonillo. Nada más le dice su nombre, él le abre la puerta del patio y le dice que suba al segundo piso.

Mira hacia el comedor y ve que todo está ordenado. Quiere que Nicole, que es así como se llama su nueva compañera, tenga una primera impresión buena. Se pasó toda la tarde anterior poniendo en orden la casa para cuando llegaran los demás inquilinos. Se mira en el espejo que hay enfrente de la puerta. Su pelo está bien. Se arregla un poco la camiseta y sonríe. Perfecto.

Llaman a la puerta. Coge aire y abre. Frente a él se encuentra con una chica morena. Tendría más o menos su edad, un poco más bajita que él, ojos verdes y cargada de maletas. No duda en ayudarla.

–   Hola Nicole. ¿Cómo estás? – coge sus maletas y las entra dentro del piso. Ella está un poco cortada, él lo nota.

–   Bien, aunque hace mucho calor. Uf. – la chica se quita la mochila que llevaba a cuestas y la deja en el suelo, cerca de sus maletas.

–   Bueno, yo soy Ethan. – se acerca a ella y le da dos besos. Huele muy bien. Su colonia le resulta muy atractiva.

–   Encantada. Yo soy Nicole, pero vamos, todos mis amigos me llaman Nikkie.

–   Encantado. – los dos sonríen y enseguida llega un incómodo silencio propio de dos personas que no se conocen de nada. – Bueno, cuéntame. – intenta romper el hielo. – ¿Qué tal el viaje? ¿Has tenido algún problema para encontrar el piso?

–   Para nada, lo he encontrado enseguida. Pero venía cargada con las maletas y se me ha hecho un poco pesado el camino hacia aquí.

–   Haberme llamado y hubiera ido a recogerte con el coche. – otra sonrisa. La chica es muy guapa, y parecía simpática.

–   Nada, no te preocupes. Bueno y… ¿cuál es mi habitación?

–   ¡Ah, sí, claro! Perdona. Ven, acompáñame que te enseño tu nueva casa.

Ethan acompaña a Nikkie a su habitación, sin no antes haberle enseñado toda la casa. A la chica parece haberle gustado el piso, aunque no hace ningún comentario, pero basta con verle su cara. Su alegría es rebosante. Si, definitivamente, esa chica es guapísima.

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