Una novela que no te dejará indiferente.

Archivo para abril, 2012

Capítulo 7

Ethan. 2 de Julio. Al atardecer. Madrid.

Ha tenido que comer solo. Sobre las dos del mediodía ha recibido un mensaje de Nicole diciéndole que no iba a ir a comer. ¡Vaya! Le apetecía verla, estar con ella. No la conoce mucho, pero le ha caído bien. Y encima tiene un cuerpazo de vértigo.

Se sienta en el sofá y enciende la televisión. Están poniendo una telenovela de esas en las que todos los personajes se enrollan entre ellos. Al principio todo es perfecto porque nadie sabe nada. Pero poco a poco, todos se van enterando y empieza a haber mal rollo entre ellos. Ahí es cuando la telenovela se pone interesante. Se llama “Entre Mentiras” o algo así.

Cambia de canal y pone el de deportes. Un partido de tenis se está disputando. Deja el mando a su lado y se pone a verlo. Le encantan los deportes, desde siempre. De pequeño jugó en un equipo de balonmano, pero tuvo una lesión en una de sus rodillas y tuvo que dejarlo. Le hubiera gustado poder seguir jugando, pero era imposible.

El móvil, que está en su habitación, empieza a sonar y le saca de sus pensamientos. Se levanta a trompicones del sofá y va a por él. Mira la pantalla. No reconoce el número. Piensa en Nikkie, pero pronto desecha esa idea cuando se acuerda de que su número ya lo tiene apuntado en su agenda. Lo coge. Preguntan por un tal Antonio. Él contesta entre risas que se han equivocado de número y cuelga. Deja el móvil de donde lo ha cogido. Al lado está el portátil. Se acuerda de Allison y decide escribirle un e-mail. La echa bastante de menos y está impaciente porque vuelva de nuevo a Madrid. Ella debe de estar pasándoselo de miedo en Londres junto a su novio Will.

Enciende el portátil y se sienta en la silla del escritorio. Abre su cuenta de correo y le da a nuevo e-mail. Empieza a teclear.

“Hola Allison. ¿Cómo estás? ¿Te acuerdas de mí? Soy tu compañero de piso Ethan. Sí, sí… ese que te ha enseñado algunos truquillos de cocina…”

Lee lo que ha escrito. No le gusta nada. Es demasiado informal. Borra todo y vuelve a empezar de nuevo.

“Hola Allison. ¿Cómo te va todo por Londres? Seguro que disfrutando mucho en esa preciosa ciudad, y seguro que ya has visitado todas las tiendas de ropa. Con lo que te gusta a ti la moda…

Resulta que esta mañana me he acordado de ti. No sé por qué, pero has aparecido en mi cabeza. Debe ser porque te echo de menos… Por cierto, ¿cuándo vuelves? Me dijiste la fecha, lo sé, pero ya sabes como soy. Se me olvida todo. Pero espero que sea pronto porque me apetece verte.

¿Y Will? ¿Qué tal está? Espero que muy bien. No le trates mal, ¿eh Es un buen tío.

Por cierto, ya ha venido nuestra nueva compañera de piso. Se llama Nicole, aunque le gusta que le llamen Nikkie. Es morena, ojos verdes… y tiene 20 añitos. No hemos pasado mucho tiempo juntos, pero es muy maja. Parece buena chica. Está en segundo año de periodismo y le han concedido la beca séneca, por eso está aquí en Madrid. Decidió venir antes para conocer la ciudad. Yo creo que te va a caer bien.

De Ian se muy poco. Más bien nada. Sé que está pasando unos días en Barcelona con su familia. Se fue poco después de irte tú, así que no creo que tarde mucho en venir tampoco.

En un par de días estaremos todos juntos otra vez. Ya tengo ganas. Cuando estemos todos hay que hacer una de esas noches de “compañeros de piso locos” ¿eh? Las echo de menos.

Bueno, me voy despidiendo ya que sino me enrollo demasiado y seguro que te acabas aburriendo. Un beso muy fuerte y que el viaje de vuelta se te haga corto.

Ethan.”

Antes de enviar el correo, lo lee atentamente para ver si se ha equivocado en alguna palabra o hay alguna expresión mal escrita. Contento con lo escrito le pulsa al botón enviar. Enviado.
Cierra el portátil y se reclina en la silla. Sí… la verdad es que echa mucho de menos a Allison.

Nicole. 2 de Julio. Al atardecer. Madrid.

Mira de nuevo el móvil. Nada. Ethan no le ha contestado al mensaje que le ha enviado diciéndole que no iba a ir a comer. ¡Pues ya podía haberlo hecho! Así, por lo menos, ella se hubiera quedado más tranquila.

Pasea tranquilamente por el centro de Madrid y llega a la Puerta del Sol. Ella siempre la ha visto por la televisión, el día de nochevieja, cuando dan las campanadas. Pero ahora la ve mucho más grande, monumental. Está llena de gente haciéndose fotos en el kilómetro 0. Es el punto central desde el que se empezó a construir el entramado de carreteras nacionales. Lo sabe porque lo ha leído millones de veces en revistas y demás libros. No puede contenerse y pone sus pies encima de la baldosa que representa el kilómetro 0. Se mira los pies y sonríe. Le hace gracia. Parece una guiri más.

La plaza está empezando a llenarse de gente. Se pone sus gafas de sol Carrera en los ojos y sale de allí con paso decidido. El Palacio Real está bastante cerca y quiere ir a visitarlo. Le han comentado que en la parte posterior del palacio, están los jardines de Sabatini y el Campo de Moro. Mira el reloj. Son casi las seis de la tarde. Seguro que la cola para poder visitarlo es interminable. No se detiene en nada más y se dirige hacia el Palacio Real.

Cuando llega se queda enfrente del monumento. Es bellísimo. Perfecto. Un chico con una cámara de fotos profesional se sitúa al lado de ella. Nikkie gira la cabeza y le mira. El chico hace lo mismo y le sonríe.

– ¿Es muy bonito, verdad? – le dice aquel chico.
– Sí. Es precioso. – contesta ella educadamente.
– Creo que voy a hacerle una foto. – el chico se pone la cámara en uno de sus ojos y enfoca el edificio. Acerca y aleja una y otra vez el objetivo. Clic. Hace la foto. – Ya está. ¿Estás aquí de visita?
– No. Más bien estoy aquí para quedarme. – ella sonríe. ¡Que atrevido aquel chico! – ¿Y tú?
– Algo así. – deja caer la cámara que se queda colgada del cuello de aquel chico tan resuelto. – Encantado de conocerte. – le tiende la mano.
– Igualmente. – Nikkie se la estrecha amablemente. Siente un cálido contacto.
– Espero que nos volvamos a encontrar algún día. Hasta luego.

Aquel desconocido, sin decir nada más, se aleja con las manos en los bolsillos. Nikkie se queda mirándolo. Ha sido una conversación algo extraña, pero le ha gustado. Y cuando le ha tendido la mano ha notado algo muy raro que no puede explicar. ¿Se volverán a ver? Quién sabe. El destino es muy caprichoso.

Ian. 2 de Julio. Al atardecer. Barcelona.

Su familia sigue en casa. La pequeña Carolina canta y ríe en el salón mientras todos están atentos de ella. Disfruta como nunca.
Ian, sin que se de cuenta su hermana pequeña, sale de allí y va hacia su habitación. Pero Helen si que lo ha visto y le sigue sin que él lo note. Ian entra en su cuarto y cuando va a cerrar la puerta aparece Helen. El chico no se lo espera y se asusta. Ella suelta una carcajada y entra en la habitación cerrando la puerta sin hacer ruido.

– ¿Vas a por el regalo de Carol? – pregunta la chica. Él asiente con la cabeza. Abre la puerta de su armario y saca el paquete envuelto. – ¿Es la barbie que ella quería?
– Por supuesto. – responde él cerrando la puerta del armario. – Estuve varios días buscándola por un montón de sitios. Estaba agotada. Me ha costado encontrarla.
– Le va a encantar. – Helen sonríe. – Se va a poner a saltar como una loca.
– Eso espero. – el chico se le queda mirando. Sabe que su hermana mediana está allí para algo más que para hablar del regalo de Carol. Espera a que sea ella quien dé el paso.
– Oye Ian… – empieza diciendo. Ian sonríe satisfecho. Lo sabía. – Podrías convencer a la mamá de que me dejara ir algunos días a Madrid contigo. Tengo muchas ganas de ir.
– Ay Helen… No te preocupes que ya la convenceré. Pero ahora no es el momento. Quizá más adelante.
– ¿Cuándo? – dice ella poniendo morros. – Es verano. ¿Qué mejor que ahora?
– Cuando llegue a Madrid y me instale de nuevo, ya hablaré con ella. Ya verás como te deja. Pero, por favor, no se lo digas más, porque al final acabará diciéndote un “no” que será definitivo. Y ahí no tendremos nada que hacer.
– De acuerdo. Te haré caso, aunque sea por primera vez. – los dos hermanos carcajean.

Vuelven a abrir la puerta sin hacer mucho ruido y juntos se dirigen al salón. La niña sigue cantando y saltando contenta. Al ver que entra su hermano con un paquete entre las manos, para de golpe lo que está haciendo y va hacia él corriendo con una sonrisa en la boca.

– ¿Es para mí? – pregunta ilusionada.
– No sé… estaba en mi habitación pero pone Carol, así que tiene que ser para ti.

Ian le da el regalo y la niña empieza a romper el papel nerviosa. Espera que sea esa muñeca que tanto quiere. Cuando ve que es lo que deseaba, pega un salto y se agarra al cuello de su hermano. Ian la coge y la abraza. Siente que ella es feliz. Él también lo es.

Allison. 2 de Julio. Al atardecer. Londres.

Después de la ducha relajante que se ha dado, ha estado toda la tarde leyendo un libro que hace poco se compró. Trata sobre una chica que se enamora del chico equivocado. Pero ella no se da cuenta hasta que él le pone los cuernos. Típica novela romántica. O bueno… no tan romántica. Y la verdad, es que aquella historia le suena demasiado. Refleja casi a la perfección su vida.

Deja de leer y mira a Will que se encuentra en la mesa de su despacho. Desde el salón, ella puede ver como él escribe sin parar en su portátil. “Cosas del trabajo” piensa. O quiere pensar. Hace varios días que Will está un poco raro. Bueno, unos días no, más concretamente desde que llegó a Londres. Dentro de un par de días volvería a Madrid y todo sería diferente. Tenía ganas de perderlo algún tiempo de vista, y eso que le quiere, pero tiene que aclarar sus sentimientos. Piensa que le está poniendo los cuernos con otra. No es normal que salga día sí, día también y que huela a perfume de mujer. Suspira. Todo esto le viene grande.

Se levanta del sofá en el que está sentada y se dirige hacia él. Will no hace ningún movimiento extraño. Sigue escribiendo como si nada. Ella se coloca detrás y pone sus manos en su duro torso.

– ¿Qué haces? – pregunta con voz sensual a la vez que mueve sus manos por su cuerpo.
– Trabajando. – contesta Will de forma seca.
– Ya… – dice ella que baja las manos un poco más y se topa con el botón de su pantalón vaquero. – Y… ¿no puedes hacer un descansito?
– No puedo, Allison. – Will le aparta bruscamente la mano de ella y sigue escribiendo sin prestarle más atención.
– Que te den.

Se aparta de él y se va a la habitación donde tiene el portátil. Lo enciende. Pasa de leer más. No quiere ponerse en el papel de la protagonista. Ya tiene suficiente con su vida.

Abre el correo y ve un e-mail de alguien que hace que sonría de oreja a oreja.