Una novela que no te dejará indiferente.

Archivo para noviembre, 2011

Capítulo 2

Nicole. 1 de Julio. Mediodía. Madrid.

Nikkie entra a lo que va a ser, durante todo el verano, su nueva habitación. Está eufórica. Aún no se cree que esté allí, compartiendo piso con  una persona que no conoce de nada. Y no será la única. Ethan le dijo que había dos compañeros más de piso, pero ella no sabe si son chicos o chicas.

Mira de nuevo la habitación. No era muy grande, pero tampoco pequeña. Tenía una cama, un armario bastante grande que le vendría muy bien para guardar todas sus cosas, una cómoda con un espejo, un escritorio donde pondría su portátil y poco más. Estaba bastante completa. No tenía queja de su habitación.

Ethan entra en su habitación acompañado de sus dos maletas, la mochila y el bolso.  Enseguida la chica le ayuda. Deja las maletas apartadas, al lado de la cama, y la mochila y el bolso sobre ella.

–   ¿Te gusta la habitación? No es muy grande, pero creo que está bastante bien.

–   Sí, es perfecta. Tiene de todo. Está muy bien. – le sonríe. Ethan le corresponde. Tiene una sonrisa preciosa. Y esa barbita de dos o tres días le da su punto.

–   Bueno, pues te dejo para que te vayas acomodando y arregles todas tus cosas, que creo que tendrás ganas de sacar las cosas de la maleta.

–   Si, la verdad es que sí.

–   Si quieres algo, yo estaré en la cocina preparando la comida. Hoy eres como la invitada, así que la comida corre a mi cargo.

–   Muchas gracias, Ethan. – él le guiña un ojo y sale de la habitación cerrando la puerta a su espalda.

Nikkie tumba las maletas en el suelo y empieza a sacar ropa, ropa y más ropa. Abre el armario. ¡Vaya, si hasta tiene perchas y todo! Coloca todo en perchas, cajones y demás. Quiere dejarlo todo más o menos arreglado. Le da mucha pereza tener que ordenar las cosas, pero es lo que le toca hacer en ese instante.

En ese momento, recuerda que no ha llamado a sus padres. Seguro que estaban preocupados. Busca en el bolso el móvil, lo coge y marca el número de su casa. Un tono. Dos tonos. Al tercero, su madre contesta.

–   Hola, mi amor. ¿Qué tal el viaje? ¿Has llegado bien? ¿Has tenido algún problema para encontrar el piso? ¿Está bien la casa? ¿El chico es majo?

–   Mamá. – su madre se calla de inmediato. – Si te callas un momento, te lo cuento todo.

–   ¡Ay cariño! Lo siento. Es la costumbre. Ya sabes que a mí me gusta saberlo todo.

–   Lo sé. Por eso, si te interesa saberlo, déjame que te lo cuente.

–   Está bien. Te escucho.

–   Todo muy bien. El viaje genial, sin ningún problema. El tren ha llegado sin retraso. He encontrado el piso enseguida porque el chico me lo indicó muy bien. La casa es estupenda. Es bastante grande y mi cuarto está genial. Tiene de todo. Y el chico…bueno, que te voy a contar de él. – iba a gastarle una pequeña broma. Se la merecía por no haberle dejado hablar desde un principio. – Es bastante rarillo. Viste de negro, lleva los ojos pintados y su cuarto está todo a oscuras con muchas cosas raras.

–   Ya sabía yo que no era de fiar. Mira que te lo dije: ten cuidado donde te metes, cariño. ¿Pero tú me hiciste caso? No. Te empeñaste en pasar el verano en Madrid y…

–   ¿Mamá? – la chica corta a su madre. Era hora de meter baza. Silencio. – Es mentira. Era una broma que quería gastarte.

–   Pues ya sabes que a mí las bromas no me gustan para nada.

–   Lo sé, pero como no me dejas hablar… Ethan, que es así como se llama mi compañero de piso, es muy majo y un chico de lo más normal. De hecho, ahora mismo me está haciendo la comida para que yo pueda arreglar las cosas.

–   ¡Uy! Mira que majo él. Menos mal, nenita, estaba preocupada por ti. ¿Y los demás? ¿Los conoces ya?

–   No. Aquí solo estamos él y yo. Nadie más. Supongo que vendrán más tarde o quizá mañana.

–   Vale. Pues te dejo que termines  y que vayas a comer, que estarás hambrienta.

–   De acuerdo, mamá. Y no te preocupes, que estoy estupendamente. Un beso. Te quiero.

–   Y yo a ti, hija.

Cuelga el móvil y lo deja encima de la mesita de noche. La verdad es que tiene bastante hambre. ¿Habría terminado Ethan de hacer la comida?

 

Ethan. 1 de Julio. Mediodía. Madrid.

Prueba la salsa. Está buena, pero para su gusto le falta un poco más de sal. Busca el salero por uno de los armarios y le echa un poco en el tomate con carne que está preparando. Los macarrones no son un manjar, pero está seguro que a Nicole le van a encantar. Bueno, a Nikkie. Ella había dicho que así era como sus amigos le llamaban. Y él, tarde o temprano, lo iba a ser. O por lo menos, eso era lo que esperaba.

Junta la salsa y la carne en la cacerola de los macarrones. Remueve mientras calienta un poco la pasta. Siempre le ha gustado cocinar. Con sus 23 años, era todo un manitas en la cocina… y en otras muchas cosas, claro. Remueve un poco más la pasta. Le falta un par de minutos como mucho.

–   Mmm, que bien huele. – Nikkie se ha puesto a su lado y ha acercado su cara a la cacerola. – Macarrones. Me encantan.

–   ¿Enserio? – pregunta Ethan. – Ya sabía yo que con esto no podía fallar. ¿Tienes hambre?

–   Si, bastante. No he comido nada en todo el viaje y mi barriga empieza a rugir. – los dos ríen. – ¿Quieres que vaya poniendo la mesa?

–   Lo que quieras. Esto está casi hecho.

Nikkie rebusca entre los cajones lo necesario para poder poner la mesa. Mientras tanto, él pone en cada plato la ración. Espera que a la chica le gusten sus macarrones. Coloca los platos sobre la mesa. La chica se sienta en una de las sillas. Ethan, enfrente de ella, para poder verla mejor.

–   ¿Te ha gustado el piso? No es que sea muy grande, pero es acogedor. Y los aseos están bastante bien.

–   ¿Qué dices? Me encanta. Me alegro de haber elegido esta casa. La vi por internet y enseguida sabía que era la elegida.

–   Y lo mejor de todo es que la casera es bastante maja y el alquiler no es demasiado elevado. No nos podemos quejar.

–   La verdad es que no. – Nikkie se mete un par de macarrones en la boca. Los saborea. Ethan la observa, pero sin ser demasiado indiscreto. – Están deliciosos. Pareces buen cocinero.

–   No es por echarme flores pero…si. Para que mentir. – los dos ríen. Ethan bebe un trago de agua que Nikkie ha echado, con anterioridad, en su vaso. – Y bueno… ¿ya te has arreglado todo?

–   Sí. Por fin. He terminado de deshacerme la maleta. He preferido hacerlo ahora, porque si lo voy dejando…soy muy vaga para todas estas cosas.

–   Te entiendo a la perfección. Yo soy igual. Es lo malo de viajar.

–   Sí, pero bueno…ya está hecho. Una cosa menos de la que preocuparme.

–   Pues sí. – el chico se parte un poco de pan y se mete un trozo en la boca.

–   Háblame un poco de ti. – dice Nikkie de repente. Ethan levanta la cabeza sorprendido. Le ha pillado un poco de sorpresa.

–   ¿Qué quieres saber de mí? Pregunta.

–   No sé… lo típico: edad, qué haces en Madrid en pleno verano, trabajo…todas esas cosas. Lo normal, vamos. – Nikkie se limpia la boca ya que se la ha manchado de tomate.

–   Está bien. Tengo 23 años y he estudiado comunicación audiovisual. Trabajo en un conocido programa de televisión como cámara. Y ahora tengo unos cuantos días  de vacaciones y aquí estoy, aprovechándolos para descansar.

–   ¡Vaya! Y, ¿cuál es el programa? – pregunta la chica intrigada.

–   No puedo decírtelo o tendría que matarte. – le guiña un ojo. Ella sonríe y agacha la cabeza. – Te toca. ¿Y tú? ¿Qué haces en Madrid?

–   Resulta que he pedido la beca Séneca para estudiar periodismo aquí durante todo el año que viene. Y me he venido antes de hora. Quería conocer la ciudad para cuando llegara la hora de empezar la universidad, estuviera más cómoda y no fuera todo tan de repente.

–   Me gusta. Entonces tu carrera está relacionada con mi trabajo. Pero… ¿me quieres decir que has preferido venirte a Madrid antes que irte con tus amigos de vacaciones? – pregunta Ethan después de haberse tragado los últimos macarrones que quedaban en el plato.

–   Aunque parezca extraño, sí. Necesitaba un cambio de aires ya. Y tenía ganas de conocer la capital de España.

–   ¿Y de dónde vienes? – pregunta intrigado.

–   De Valencia. Y tengo 20 años recién cumplidos. – la chica sonríe pícaramente. – Por si te interesa. – él no sabe que decir, y solo se le ocurre es beber un trago de agua de su vaso. – ¿Y los demás compañeros? Creo recordar que por teléfono me dijiste que habían dos inquilinos más.

–   Sí, estás en lo cierto. Allison vendrá dentro de tres o cuatro días. Está en Londres con su novio, que es de allí. E Ian, creo que todavía tardará una semana, aunque no estoy del todo seguro, porque cambia de padecer cada minuto. Así que estaremos solos varios días. ¿No tendrás miedo, no?

–   A no ser que seas un loco maníaco que quiere violarme y matarme, no. – Nikkie ríe a carcajadas. Ethan la sigue.

Quitan la mesa entre los dos, aunque la chica se empeña en que le toca a ella fregar, ya que no ha hecho la comida. Ethan le deja, aunque no está del todo convencido. Ella viene cansada y tiene que relajarse.

Él se tumba en el sofá mientras ve las noticias. Le encanta estar al corriente de todo lo que pasa en el mundo. Nikkie, desde la cocina, le dice que se va a su habitación a descansar un rato. Está agotada de todo el viaje.

Ve como Nikkie pasa por delante de él. Su perfecto trasero le deja sin habla. Se nota que aquella joven chica se trabaja su cuerpo. Y eso a él le gusta. Y mucho.

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Capítulo 1

Nicole. 1 de Julio. Mediodía. Madrid.

Nikkie sabía que sus padres no estaban de acuerdo con lo que ella había elegido. Pero ya estaba hecho y no había vuelta atrás. Arrastra como puede sus maletas. ¡Como pesan! Si hubiera sabido que su destino estaba tan lejos de la estación de trenes, quizá no hubiera llenado tanto las maletas. O si. Quién sabe. Va a necesitar mucha ropa, porque va a pasar un gran periodo de tiempo en aquel sitio.

Tira con fuerza de las dos maletas que lleva en cada mano. En la espalda, una mochila llena de sus cosas personales. Colgando de uno de sus hombros, el bolso, que poco a poco se le va resbalando. Para de golpe apoyando las maletas sobre sus ruedas. Se recoloca la mochila y el bolso que, con el zarandeo del caminar, se le ha caído hasta la muñeca. Resopla. Espera no estar lejos de su destino.

De paso, mira el papel que lleva en una de sus manos. En él pone la dirección exacta de dónde quiere llegar. Mira el número de un portal cercano. Está muy cerca, quizá algunos portales más. Coge de nuevo sus maletas y arrastrando como puede llega al portal deseado. Su destino.

Aparca las maletas y mira de nuevo el papel. Segundo piso, puerta 7. Se lo sabía de memoria, pero quería estar segura antes de llamar. Respira hondo un par de veces, y, recolocándose de nuevo el bolso, que se le ha vuelto a caer, llama al timbre. Espera. Mira a todos lados mientras intenta hacerse a todo lo que le rodea. Vuelve a llamar impaciente al timbre, esta vez dos veces seguidas, por si acaso no le han oído.

–   ¿Quién? – responden al otro lado del timbre. Es la voz de un chico.

–   Hola, soy Nicole. Vengo a… – enseguida le abren la puerta, sin esperar a que ella responda y explique nada más.

–   Sube. Es el segundo piso. – el chico cuelga el telefonillo.

–   Lo sé. – dice la chica en voz baja.

Nikkie coge sus maletas y las empuja hacia dentro del portal mientras resopla una y otra vez por el esfuerzo realizado.

 

Ethan. 1 de Julio. Mediodía. Madrid.

Sale de la ducha sin ninguna toalla que tape sus partes más íntimas. Lo hace tranquilamente, porque sabe que en esa casa aún no hay nadie, aunque por poco tiempo. De hecho, ese mismo día espera la llegada de una chica nueva. Aún no la conoce. Ella vio el piso por internet, y después de hablar por teléfono con él y dejar todo claro, aceptó el contrato. La chica tenía una voz muy bonita, sensual. Debía ser guapa, atractiva. Pero no se hace muchas ilusiones, porque muchas veces le ha pasado lo mismo y la chica no era nada agraciada.

Se peina mirándose al espejo. Se deja el pelo como a él le gusta: peinado pero a la vez despeinado. Formal, pero informal. Para él, perfecto. Se lava los dientes insistentemente. Se enjuaga la boca y tira el agua en el lavabo. Sonríe. Gira la cabeza de un lado para otro. Tiene un poco de barba, de unos dos o tres días. Pero le gusta, le queda bien.

Ethan va a su cuarto y se viste. Unas bermudas vaqueras en la parte de abajo. Arriba, una simple camiseta de manga corta. Era uno de julio, y a esas horas, el calor era achicharrante.

Hace la cama y va hacia el comedor. Mira el reloj. Casi es mediodía. Llaman al timbre. Ethan se sobresalta, aunque sabe de sobra quien es. La chica que espera le dijo que su tren llegaba sobra la una. Sin duda era ella. Se levanta del sofá y responde al telefonillo. Nada más le dice su nombre, él le abre la puerta del patio y le dice que suba al segundo piso.

Mira hacia el comedor y ve que todo está ordenado. Quiere que Nicole, que es así como se llama su nueva compañera, tenga una primera impresión buena. Se pasó toda la tarde anterior poniendo en orden la casa para cuando llegaran los demás inquilinos. Se mira en el espejo que hay enfrente de la puerta. Su pelo está bien. Se arregla un poco la camiseta y sonríe. Perfecto.

Llaman a la puerta. Coge aire y abre. Frente a él se encuentra con una chica morena. Tendría más o menos su edad, un poco más bajita que él, ojos verdes y cargada de maletas. No duda en ayudarla.

–   Hola Nicole. ¿Cómo estás? – coge sus maletas y las entra dentro del piso. Ella está un poco cortada, él lo nota.

–   Bien, aunque hace mucho calor. Uf. – la chica se quita la mochila que llevaba a cuestas y la deja en el suelo, cerca de sus maletas.

–   Bueno, yo soy Ethan. – se acerca a ella y le da dos besos. Huele muy bien. Su colonia le resulta muy atractiva.

–   Encantada. Yo soy Nicole, pero vamos, todos mis amigos me llaman Nikkie.

–   Encantado. – los dos sonríen y enseguida llega un incómodo silencio propio de dos personas que no se conocen de nada. – Bueno, cuéntame. – intenta romper el hielo. – ¿Qué tal el viaje? ¿Has tenido algún problema para encontrar el piso?

–   Para nada, lo he encontrado enseguida. Pero venía cargada con las maletas y se me ha hecho un poco pesado el camino hacia aquí.

–   Haberme llamado y hubiera ido a recogerte con el coche. – otra sonrisa. La chica es muy guapa, y parecía simpática.

–   Nada, no te preocupes. Bueno y… ¿cuál es mi habitación?

–   ¡Ah, sí, claro! Perdona. Ven, acompáñame que te enseño tu nueva casa.

Ethan acompaña a Nikkie a su habitación, sin no antes haberle enseñado toda la casa. A la chica parece haberle gustado el piso, aunque no hace ningún comentario, pero basta con verle su cara. Su alegría es rebosante. Si, definitivamente, esa chica es guapísima.


3, 2, 1…

El momento se acerca…

Entre Mentiras.